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¡No todo es eficiencia energética!

Desmontando mitos sobre la eficiencia energética

Seguro que has oído hablar de la eficiencia energética, quizás cuando te han dado recomendaciones para aplicarla en tu hogar y conseguir ahorrar en tu factura. Pero ¿es lo mismo ahorro de energía que eficiencia energética? 

Otro concepto que suele rondarnos la cabeza cuando hablamos de eficiencia energética es el de sostenibilidad, ¿crees que toda medida de eficiencia energética implica sostenibilidad? ¿y viceversa? Pronto lo descubrirás:

Ahorro energético y eficiencia energética.

Al contrario de lo que pueda parecer, no todo ahorro energético implica eficiencia energética ni toda medida de eficiencia energética implica un ahorro energético. Puede parecer un trabalenguas, pero es mucho más sencillo de lo que parece:

El ahorro energético es conseguir consumir menos cantidad de energía. Esa energía que dejamos de consumir será la cantidad de energía ahorrada. Por ejemplo, si tenemos una habitación iluminada estamos consumiendo la energía de esa lámpara, por tanto, si apagamos la luz, estaremos ahorrando energía ¿cierto?

Aunque parezca un ejemplo un poco absurdo, porque no querríamos tener la luz apagada, esto es exactamente lo mismo que se consigue implantando un sistema de control para iluminación, apagar las luces cuando no es necesario tenerlas encendidas, automáticamente. Este es un ejemplo práctico de la famosa frase “el mejor ahorro es no consumir”.

Existen diversos tipos de control de iluminación, como el de presencia, que podemos encontrar en los pasillos de los hoteles o en baños públicos, o controles más finos que detectan la luz natural y regulan la iluminación en función de esta. Pero todos se basan en el mismo principio: disminuir el número de horas de funcionamiento de la iluminación y, por tanto, el consumo de energía asociado. Así conseguimos un ahorro de energía sin aplicar eficiencia energética.

Pero entonces ¿qué sería eficiencia energética? Imaginemos que tenemos la misma habitación iluminada y no aplicamos ningún sistema de control. La lámpara funciona 8 horas diarias, que es el tiempo que la habitación está ocupada. Una medida de eficiencia energética que podríamos aplicar es cambiar esa lámpara por otra más eficiente, como la tecnología LED. Entonces, funcionando las mismas horas y dándonos el mismo nivel de iluminación que requeríamos, esa lámpara estará consumiendo menos energía. El hecho de consumir menos energía ofreciendo exactamente el mismo servicio (mismo nivel de confort y mismas horas de funcionamiento) es una medida de eficiencia energética. Por tanto, en este caso sí habríamos aplicado la eficiencia energética. Además, como consecuencia de esta, obtendremos un ahorro de energía y también un ahorro en la factura, pero es importante entender que, en este caso, el ahorro es una consecuencia de la medida de eficiencia.

Entonces ¿siempre que apliquemos medidas de eficiencia energética conseguiremos un ahorro energético? Podría deducirse que sí, pero la realidad es más compleja y por ello no podemos afirmarlo con rotundidad. Uno de los casos en los que esta hipótesis no se cumple es cuando, en la situación de partida, no estamos obteniendo el confort deseado. Por ejemplo, tenemos una habitación mal iluminada con una sola lámpara (de baja eficiencia), donde apenas podemos trabajar. Para solucionar esta situación se hace un estudio de iluminación y se llega a la conclusión de que se necesitan 5 lámparas para obtener un nivel de iluminación adecuado, así que instalamos las lámparas, en este caso LED. ¿Estamos aplicando una medida de eficiencia energética al pasarnos a LED? Sí, pero ¿reduciremos el consumo de energía y ahorraremos en la factura? Probablemente no, ya que para conseguir un nivel de iluminación confortable hemos aumentado el número de lámparas, que, aunque sean más eficientes, en conjunto harán que el consumo total aumente. La energía necesaria para alcanzar ese confort (sea lumínico, térmico…) es lo que se llama demanda de energía. Como hemos visto, el consumo energético siempre dependerá, además de la eficiencia y las horas de funcionamiento, de la demanda de energía, por lo que la eficiencia energética, aunque sea un factor crucial, no es el único que afectará al consumo de energía final.

Pero vayamos más allá: Supongamos que vamos a mantener el mismo nivel de confort, las mismas horas de uso y vamos a aumentar en cierto porcentaje la eficiencia energética. ¿Reduciremos en el mismo porcentaje el consumo de energía? Aunque las ecuaciones nos digan que sí y así se cumpla inmediatamente después de aplicar la medida de eficiencia, la realidad nos ha demostrado lo contrario en numerosas ocasiones.

Este fenómeno es exactamente lo mismo que ocurre con un aumento de la productividad. Supongamos que en una empresa se consigue hacer el mismo trabajo en la mitad de horas de trabajo debido a un aumento de la productividad. ¿Crees que la empresa reducirá el horario de los empleados y seguirá produciendo lo mismo? Probablemente no. Lo más frecuente no es que se reduzcan las horas de trabajo sino que se mantengan, y que se aumente la cantidad de trabajo que la empresa es capaz de realizar, aumentando así los ingresos. Lo mismo ocurre con la energía.

Un claro ejemplo de ello es la revolución industrial. Cuando se comenzó a utilizar la máquina de vapor de James Watt, que era más eficiente y rentable que la anterior, se redujo el consumo de carbón. Sin embargo, su rentabilidad pronto provocó que, sectores que antes no la usaban, la introdujeran en sus procesos. Esto hizo que esa reducción del consumo de carbón inicial, con el tiempo se convirtiera, por el contrario, en un gran aumento. Esta contradicción tan llamativa inspiró el famoso ensayo “The coal question” de W. S. Jevons, que acabó por dar nombre a esta paradoja, llamándose Paradoja de Jevons.

Según la Paradoja de Jevons, un aumento de la eficiencia no conlleva una reducción directa del consumo de un recurso, sino un aumento de las actividades que lo consumen.

Así se explica que, una vez más, la eficiencia energética y el ahorro energético no sólo no son lo mismo, sino que a veces ni siquiera van de la mano.

Eficiencia energética y sostenibilidad

Aclarados los conceptos energéticos, ¿qué pasa con la sostenibilidad? Como ocurre con el ahorro de energía, eficiencia y sostenibilidad son conceptos que a veces se intercambian o se confunden, pero en realidad son muy diferentes.

¿Toda medida de eficiencia energética es sostenible? Supongamos que tenemos una caldera de biomasa funcionando con un rendimiento de un 85% y como medida de eficiencia se propone el cambio a caldera de condensación con gas natural, que consigue rendimientos superiores al 100% (al recuperar el calor de los gases de combustión). Esta sería una medida de eficiencia energética, pero ¿es una medida que mejore la sostenibilidad?

Podría pensarse que, como la biomasa también produce gases de combustión contaminantes, el paso a gas natural con una caldera más eficiente hará que usemos menos recursos y emitamos menos gases contaminantes, pero según los Factores de Emisión de CO2 oficiales, 1kWh de energía final supone la emisión de 0,252 kg CO2 si se ha producido con gas natural y solo 0,018 kg de CO2 si se ha producido con biomasa. Así que el cambio de biomasa a gas natural provocaría una mayor contaminación del medio ambiente por cada kWh producido en la caldera.

Pero si la caldera de condensación tiene un rendimiento tan alto, la cantidad de energía que necesitaremos producir en la caldera será menor. Eso podría hacernos pensar que con un mayor rendimiento de caldera y menor uso de recursos podríamos llegar a reducir las emisiones y así sería una medida sostenible.

Sin embargo, la sostenibilidad no se mide solo en función de las emisiones de gases contaminantes. Se dice que un producto o proceso es sostenible si su uso no implica un empeoramiento de las condiciones de vida de las generaciones futuras. Y los sistemas de biomasa utilizan biocombustibles para generar energía (residuos agroindustriales como los huesos de aceituna, astillas, pélets…), por lo que, por un lado, las emisiones de CO2 que se producen en la combustión se compensan con el CO2 captado por esos biocombustibles anteriormente en la naturaleza, consiguiendo un balance neto de emisiones a lo largo de su ciclo de vida (teniendo un efecto inocuo para la vida de generaciones futuras) y, por otro lado, se puede considerar una energía renovable, por lo que, al contrario que el gas natural (combustible fósil), el recurso energético de la biomasa es inagotable, demostrándose nuevamente que no se perjudica a las generaciones futuras. Así que en este caso, la biomasa sería la opción más sostenible aunque no la más eficiente.

Como hemos visto, no toda medida de eficiencia energética implica sostenibilidad. Pero ¿la sostenibilidad significa siempre eficiencia energética? En el caso contrario al anterior (cambiar una caldera de condensación por una de biomasa para que sea más sostenible), no obtendremos un aumento de la eficiencia sino una reducción. Además, la sostenibilidad abarca muchos más aspectos que los puramente energéticos o tecnológicos, como nos demuestra el desarrollo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que se adoptaron por los líderes mundiales en 2015. Los ODS son 17 y engloban cuestiones tan dispares como el fin de la pobreza, la igualdad de género o la vida submarina. Por lo que es necesario entender que la sostenibilidad no va siempre ligada a la eficiencia energética y ni siquiera a la energía.

En conclusión:

La eficiencia energética no es sinónimo ni de ahorro energético ni de sostenibilidad. Si tienes claros estos conceptos, enhorabuena, ¡te has puesto las gafas de bucear necesarias para sumergirte en el universo de la energía!

A partir de ahora, serás capaz de analizar cualquier afirmación sobre la energía desde una perspectiva más objetiva y crítica.

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2 comentarios en “No todo es eficiencia energética.”

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